lunes, 23 de junio de 2014

Lo que no se pronuncia



En los rincones las pelusas, grises y rosas. Capaz las limpia, o las patea hacia debajo de la cama, es amplia y fría. En otro rincón nada. Solo el brillo del sol que entra sin permiso porque las cortinas son inexistentes. Pasando el cuarto  el frío es inmutable. Solo eso. Pasando la habitación solo es frio y nada más. Después hay una cocina. Con aromas avergonzantes que él sabe que están, puede olerlos porque no hay impedimentos en su olfato. Desventaja. Desventajas en el juego.
Entonces el juego se vuelve distante y practicado. Qué vamos a hacer si después de la habitación solo hay nada y en esa nada el brillo del sol refleja lo inexistente y lo ahuecado...cómo puede hacer para que ese brillo no la cegué nuevamente y caiga en la trampa de tantas pelusas y tantas sabanas y tantos perfumes y tantos olfatos y tantos y tantos que son...nada.
El recreo cae en un balcón donde después de las 5 el sol no da vida, la quita lentamente y empieza antes la nostalgia de saberse solo y con palabras atravesadas en la memoria o la garganta, tironeando sin poder salir, sin decirse, sin corporalidad, como ese sol que cae rápidamente, como en ningún otro lugar, como en ningún otro estado. Entonces... Entonces qué?
Todo. Porque el juego cae en la cocina, cae en el frío de la sala posterior del cuarto. Ahí él ha sido sepultado. Pasarán a la habitación, cálida, con colchas que dan alergia, que dan recuerdos ajenos que aún se sienten en las paredes, donde no hay huellas en las paredes....no eso fue en otro lugar, la marca de rouge en la pared y perdón. O disculpas, “fue lo que pasó y no quise ensuciar”, pero existe y la ridiculez donde se ensucia, se cega, se tironean las palabras, se callan, se atragantan, se calman, se duermen, descansan en la lengua que algún día, dirá las más crueles y duras palabras, porque van transformándose en eso que no queremos que sean. Es lo más parecido a la realidad y lo más alejado. Es fácil y no, porque lo fácil redondea lo complejo, dentro de lo fácil está el mundo incompleto indecible...imberbe...mudo, adicto.  Y él, guiando el juego tonto entró en la mancha que ya nunca podrá sacar.
Las pelusas se vuelven luz. La luz que molesta porque ya no hay nada y el frio atraviesa el cuarto, la puerta golpea,  la tira con violencia por no comprender al cuerpo tendido en las sabanas que no le pertenecen, ella lo sabe, lo siente y pretende dormir dentro de otro recuerdo, y el juego simple, la marca de rouge en la pared todo revuelto y mezclado, todo eso dando giros junto con las polvos que se desprenden del piso...caen de golpe en su rostro que en su frenesí desesperado por intentar acallar se sabe despierta, prefiere ignorar y ya no lucha y ya no quiere el juego y ya no quiere nada. Desea que todo se vaya con él cuando cierre la puerta del frío. Que deje de entrar el flagelo que mueve todas esas pelusas y partículas y palabras que la agotan y molestan. Vuelve a dormir. Pero...
El recreo, donde el fuego se extinguió antes de prenderse porque ambos saben que nunca pasará, que todo será una práctica recriminatoria de otra, una reiteración para entender lo pasado, y los jirones y la piel estirada que duele y lastima, y más adentro por favor y basta.
Se va, no hay juego, hay sol, hay que despertar de ese sueño denso y pálido, que vuelva el sueño de saberse soñada. Saberse descansada y desnuda frente a lo puro. Lo puro del engaño insistente que tanto calma, porque siempre apacigua lo que es conocido, porque lo conocido es sabido, aunque no lo sea, porque las pelusas son entes con nombres propios y puede decirlos, pero no. Porque la boca ve que calla su propia función.
Los órganos que mueven teclas invisibles tocando lugares impenetrables. Para qué? Por qué si nada vuelve? Porque volver...porque dejar que callen y se vuelquen a otros gestos a otros juegos a otros nombres. Y la pared manchada, manchando el baño con sangre que se va por la tubería y nunca lo sabrá porque nadie lo vio, nadie lo supo, nadie de nadie porque nadie ya es un amigo.

Mejor decirlo, después de las 5, a las 7, se va, ya no quiere verlo, el sol se fue, pero lo malo es conocido y volverá, entonces sale al frio. Ella sale y se acobarda de ella misma, de saberse encerrada en una rueda que no gira, que estancada y neutra volverá al frio de la sala contigua, donde el balcón muestra las luces en subida, los arboles lejanos, que antes él le comentó y a ella le importó poco. No sabía que iba buscando, no sabía que iba a esconder ni callar ni gritar, porque si grita, ella apagada grita que no queda nada. Solo las pelusas, que intenta evitarlas porque los nombres que hablan en ellas son repetidos. Todos acostumbrados y el anzuelo fue fácil, y la escoba barre lo que ya no limpia y nunca limpiará, se sabe desconocida e imparcial. Cuando pone el pie en el balcón y mira hacia abajo piensa en la ceniza cayendo sin medida, agrandándose rápidamente en el aire fresco que no le pertenece. Que no le es propio, que prefiere la humedad aunque luego se queje, aunque a regañadientes prefiera la humedad y lo malo que ha reconocido y sabe tratar y manejar. Y todo esto, para qué? Porque lo simple no es simple, no es complejo, son las palabras que nos impiden entendernos, que las miradas se entienden, entonces él la agarra, la abraza, la mira, ella lo mira y entiende cosas que no comprende y son innombrables. Todo esto cayendo desde el balcón, dejando caer la hoja, tirando el mapa hecho a mano, con letra de nene, incomprensible, perdida, disipada y asustada no se logra compensar y toda esa vorágine de lástima, pena y angustia por todas esa cosas que ya no son palabras que ya no son nada más que frío en la garganta y en el cuerpo. Tan adentro, tan profundo, tanto duele, pero ese dolor gozoso y nefasto, como él. Como lo frío que te identifica y que es innato, y el mutismo. Cae todo por el balcón y ella mira como chocan contra la pared del vecino que siempre tiene agua, agua viscosa y verde, y ella quiere un mar, calor, palabras que cubran todo eso, quiere la mirada que siempre está, quiere que el discurso no sea analizado. 
“Analizo tu discurso” por qué...si todo esto cae rápidamente en horas hacia las sabanas de nadie, impersonales y beige que no emiten más que sonidos apagados. En la almohada el sueño no llega, solo dormir sobre lo negro, como un gran fundido para empezar de cero o de dos o no empezar. Cierra la puerta fuerte, porque el enojo es evidente, la despierta y ella piensa: cuándo fue que decidí hacer todo esto...todo esto que me gana y a la vez empata. Entonces apreta los ojos y él se sentará en la cama tocándole los pies. Ella deja que la toque y siente que ya todo se ha vaciado, antes de llegar, que el error fue haberlo aceptado. Pero ya es tarde, él se apoya sobre ella, la abraza y le dice algo que la tranquiliza, porque la sabe inestable y con penas que nunca contará y se las morderá por dentro y la única forma de contarlas es cuando él le dice que todo es normal, que todo está bien y ella sabiéndose  engañada y torpe, mala, avergonzada no tiene más escapatoria que rendirse a la presión y tan adentro que duele. Y el sol la despierta, fueron solo 5 minutos, 5 minutos donde la habitación es cada vez más cálida y recuerda a algo que tampoco dirá, pero lo rosado se mancha con todo eso que no se puede, que es pesado y las partículas se vuelven plomo y duele la cara, la nariz, los ojos y las orejas, porque el frio apresa.

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