viernes, 5 de marzo de 2010

Nada

Llega el horario, se cae el tiempo detrás de la puerta se mueve el reloj, pero las agujas están quietas, estancas como siempre.
Se cae la puerta, se mueve el reloj rápidamente. Ella mira por la ventana como la gente se choca, irrefrenables en la jungla, animales muertos, pero es un insulto, los animales no se chocan, solo se respetan. Ella los mira, ríe internamente cuando se cae el reloj.
Piensa en ella, vuelve el recuerdo del baño, del perfume perdido entre miles de olores, vuelve ella y ahí no puede contenerse. Por eso prefiere la ventana, divertirse viendo un juego de ajedrez sin reglas, todos peones de sus pensamientos, todos diferentes en sus palabras y gestos y estupidez. Al fin, cae la aguja y ella se tranquiliza.
Ahora puede verla. No hay tiempo, no para ella que deja de mirar y vuelve a la mirada perdida, sin recuerdos, ni canciones, vuelve a ella, al silencio, el silencio.
"es hora de que cambies de actitud"- María
Pero ella no la escucha, simplemente lo siente, superficialmente la roza, le toca la punta de las manos, de su piel, le acaricia el pelo, es una frase mal utilizada, fue a destiempo.
Ahora pueden verse detrás de todo, pueden verse debajo de las mascaras que siempre las cubren, que simulan figurarlas para cambiarlas de forma, adquirir otro modo de perfección. Y es en ese momento, en ese instante prolongado, cuando ella la mira y sabe que no hay nada que las acerque.
Ni el tiempo, menos todo lo demás.